Desde 1939 hasta 1965

Desde 1939 hasta 1965

Con el fin de la Guerra se inicia el periodo de exilio americano de Sender. Primeramente recaló en Méjico; allí fundó la editorial Quetzal, de cuyos talleres saldrían Proverbio de la muerte (1939), la justamente afamada El lugar del hombre (1939), Hernán Cortés (1940) y Mexicayotl (1940). Con el tiempo, los tres primeros citados serían rescritos y retitulados como La esfera (1947), El lugar de un hombre (1958) y Jubileo en el Zócalo (1964). También editó allí el Epitalamio del prieto Trinidad (1942) y la primera narración de Crónica del alba (1942).

En 1946 pasa a los Estados Unidos de Norteamérica y se nacionaliza norteamericano. Tras algunos meses vividos en Nueva York, se traslada a Alburquerque como profesor de Literatura Española Moderna de la Universidad de Nuevo Méjico. Colaboró en un buen puñado de publicaciones periódicas al tiempo que iba publicando libros de gran calado como El vado (1948), El rey y la reina (1949) y El verdugo afable (1952), y al tiempo que traducciones de sus novelas iban engrosando los catálogos de prestigiosas editoriales —no españolas, por descontando— como muestra del vertiginoso ascenso de la fama del escritor. De ese mismo año (1952) data la edición de Mosén Millán, cuyo título fue convertido en el más conocido de Réquiem por un campesino español en la edición bilingüe de 1960. Al, a no dudar, libro más célebre del escritor, sucedieron Hipogrifo violento (1954), Ariadna (1955), Bizancio (1956), Unamuno, Valle Inclán, Baroja y Santayana (1957) —con los años, aumentado en Examen de ingenios. Los noventayochos (1961)—, La quinta Julieta (1957), Los cinco libros de Ariadna (1957; anticipada en la Ariadna de dos años atrás), Emen Hetan (1958), El diantre(1958), Los laureles de Anselmo (1958), El mancebo y los héroes (1960), Las imágenes migratorias (poemario de 1960), La llave (1960), Novelas ejemplares de Cíbola (1961), La tesis de Nancy (1962; primera de la popular serie), La luna de los perros (1962), Los tontos de la Concepción (1963) y Carolus Rex (1963). El periodo de 1939 y 1963 suele considerarse el del florvit de la escritura senderiana, una época jalonada de obras maestras —puntualmente reseñadas por la crítica americana— escritas durante esos largos ratos de soledad del profesor universitario que con una técnica meditada supo convertir a tramas, símbolos, alegorías y protagonistas en metáforas aceptadas como paradigmas de su tiempo.