Este libro da a conocer la historia y la arquitectura del monasterio barroco de San Juan de la Peña, que se edificó de nueva planta en la pradera de San Indalecio, sobre la gran roca, tras el incendio ocurrido en su fábrica medieval en 1675.
Para su construcción, la comunidad benedictina disfrutó del mecenazgo de la casa real, lo que permitió desarrollar un proyecto arquitectónico tan ambicioso como requería esa histórica fundación. El diseño de su planta se debió al arquitecto zaragozano Miguel Ximénez y a él se sumaron aportaciones de otros profesionales.
La fábrica tuvo que adaptarse a las diferentes situaciones económicas por las que atravesó la comunidad a lo largo del proceso constructivo, que se desarrolló entre 1675 y 1835, razón por la que nunca llegó a concluirse el proyecto tal y como se pensó originalmente. Sin embargo, las dependencias que llegaron a levantarse mantienen los criterios de simetría, ortogonalidad y racionalidad propios de la arquitectura monástica de la Edad Moderna y el conjunto constituye uno de sus ejemplos más perfectos y evolucionados.